Lunes, 05 de mayo de 2008

El Se?or de los Anillos: El Retorno del Rey


Una vez más, tenemos con nosotros a Barbol para terminar el repaso a la trilogía de El Señor de los Anillos. Vamos con su review de El Retorno del Rey.

 

                  

Llegamos al final de la trilogía, ¡urrarrum! Y comenzamos la peli con un flashback, donde vemos como Gollum, antes conocido como el hobbit Smeagol, se pasa al lado oscuro asesinando a su amigo Deagol para arrebatarle el anillo que el pobre infeliz había encontrado en el fondo del mar cuando intentaba atrapar un escurridizo pez. Así es como Smeagol se convierte en Gollum, olvidando su antigua vida, e incluso su verdadero nombre. Lo único que le importará a partir de ese instante, será “su tesoro”.

 


Deagol, querido, dame mi regalo de cumpleaños




Que bien sienta tener el anillo...Urrarrum!

 

 

Y del flashback volvemos al momento actual. Gollum continua guiando a Frodo y Sam camino a Mordor. El señor Frodo está cada vez más poseído por la voluntad del anillo, y ya ni duerme ni apenas come…aunque menos aún come el pobre Sam, que se queda sin su ración de lembas para ofrecérselas a su amo. Para colmo de sus males, Sam escucha accidentalmente un monólogo Gollum/Smeagol, donde la traicionera criatura confiesa sus intenciones de asesinar a los hobbits y así arrebatar el anillo a Frodo. ¿Y sabéis lo peor de todo? ¡Que Frodo no cree a Sam cuando éste le cuenta los planes de Gollum! ¡Urrarrum! Este hobbit va de mal en peor, ¿cómo puede ignorar los sabios consejos de Samsagaz?


 

Te pille! 

 

Pasemos ahora a Aragorn y compañía. Tras su victoria en el abismo de Helm, se encaminan a hacernos una visita. Merry y Pippin, a los que he encargado custodiar la entrada a Isengard, los reciben en medio de un banquete, lo cual no parece sentar nada bien a Gimli que, al igual que Sam, también debe estar pasando hambre últimamente.

 


Gimli, quieres un porrito? O un trozo de cerdo curado?

 

Y al fin aparezco yo, ¡urrarrum! Como buen anfitrión, acudo a saludar al maestro Gandal y a llevarlo ante la presencia de Saruman, que sigue confinado en su torre, el muy cobarde. Gandalf, muy políticamente, le invita a bajar y unirse a ellos a cambio de revelar los planes de Sauron. Pero el mago malvado obviamente rechaza su oferta. Theoden, por su parte, hace un intento similar con Lengua de Serpiente, que se ha convertido en la mascota de Saruman, demasiado confiado acerca de la lealtad de su siervo como para insultarle abiertamente delante de todos. Pero Grima, de repente, se abalanza sobre Saruman y le apuñala por la espalda. Legolas intenta en vano detenerlo lanzándole una flecha, que alcanza su objetivo, pero demasiado tarde. Saruman cae torre abajo y, por si no tenía bastante con el puñal, aterriza sobre un pincho que lo atraviesa de parte a parte. Una gran muerte, sin duda, ¡urrarrum!



 La herrumbre de saruman, la arrastro la corriente, urrarrum!

 

Sin embargo, Saruman dejó tras de sí un pequeño regalito. Un palantir, o piedra visionaria, que Pippin divisa en el fondo del río y rápidamente se lanza a recoger. No me fío nada de este hobbit, ¡urrarrum! Menos mal que está ahí Gandalf para apoderarse del palantir y alejarlo de las manos de Pippin. Y entonces llega el momento más irritante de la película. Todos regresan a Rohan para celebrar la victoria frente a las tropas de Sauron…¡y a mí no me invitan al pedazo de fiestón que organizan! Les parecerá bonito después de la gran batalla de los ents. Y es que menuda juerga que se montan. Gimli y Legolas hacen una competición para ver quién aguanta más bebiendo cervezas…que obviamente gana el elfo, Gimli lo único que hace es eructar y pringarse su larga barba de espuma. Mientas, Merry y Pippin se beben una pinta tras otra mientras cantan y bailan viejas canciones de la Comarca subidos encima de una mesa y aplaudidos por los sorprendidos habitantes de Rohan. Eowyn acosa a Aragorn cada dos por tres, por mucho que el pobre intenta escabullirse y hablar con Gandalf de temas más relevantes, como por ejemplo qué andará haciendo Frodo en esos momentos.

 


cuidado con el alcohol Gimli!

 

Finalizada la fiesta, toca dormir la borrachera. Pero hay alguien que no consigue conciliar el sueño: Pippin. El hobbit no puede quitarse el palantir de la cabeza. Así que no se le ocurre nada mejor que acercarse a donde Gandalf duerme (con los ojos abiertos por cierto) y dar el cambiazo sustituyendo la piedra mágica por una olla. Una vez que la tiene en sus manos, y pese a las advertencias de Merry, Pippin echa un vistazo…y Sauron, por supuesto, lo descubre. El hobbit enloquece y comienza a dar gritos, despertando a todo el mundo. Después, una vez que entre Gandalf y Aragorn consiguen arrancarle el palantir, se queda en estado de shock. Afortunadamente, cuando vuelve en sí, descubren que no ha revelado nada importante al Señor Oscuro…que, por el contario, sí ha mostrado a Pippin una parte de su plan: el ataque sobre Gondor. En resumen, que al final al insensato hobbit le sale bien la jugada. ¡Urrarrum! Aunque su recompensa será acompañar a Gandalf hasta Gondor para advertir a sus gentes del peligro que se avecina. Y aquí llega una de las separaciones más dolorosas de la trilogía, puesto que Merry debe permanecer en Rohan. El hobbit tiene el hermoso gesto de regalar a su amigo la hierba para pipa que le queda, y ambos se despiden sin saber si volverán a verse. Casi lloro al ver esta escena, ¡urrarrum!


 

Nunca aprenderas a estarte quietecito Pip? 

 

 

A lomos de Sombragris, Gandalf y Pippin llegan raudos a Minas Tirith, la Ciudad de los Reyes de Gondor, ahora regentada por el senescal Denethor, padre de Faramir y del difunto Boromir. Precisamente, cuando el mago y el hobbit penetran en los aposentos del senescal, éste se encuentra contemplando el cuerno de su desaparecido hijo, de cuya muerte acaba de tener conocimiento. Pippin, ignorando la advertencia de Gandalf de mantener la boca cerrada, no tarda ni un minuto en postrarse ante Denethor para presentarse como responsable de la muerte de Faramir y ofrecerle a cambio sus servicios. ¡Urrarrum! Estos hobbits nunca aprenderán a no meterse en líos. Denethor, a pesar del ofrecimiento de Pippin, no se muestra muy amistoso con sus invitados. Más que nada porque teme que Gandalf quiera quitarlo de en medio, ayudando así a Aragorn a ocupar el lugar que le corresponde como Rey de Gondor.

 


Te ofrezco mis servicios Senescal...pero no me hagas trabajar mucho


No lejos de allí, otra trágica separación está a punto de producirse. Frodo y Sam han llegado a la escalera sinuosa, una escarpada ascensión  que les conducirá al túnel de entrada a Mordor. Gollum, previendo que tarde o temprano tendrá serios problemas con Sam, idea un maléfico plan para deshacerse del hobbit. Una noche, mientras duerme, derrama unas cuantas migajas de lembas sobre su capa, arrojando por un precipicio lo que queda de la comida élfica. Al día siguiente, acusa a Sam de haberse zampado toda la comida. Si a esto le sumamos que ya había estado calentando a Frodo con la absurda idea de que Sam quería arrebatarle al anillo, no es de extrañar que el resultado sea el esperado por la malvada criatura: Frodo “invita” a Sam a marcharse y volver a casa. Y ahí se queda el pobre Sam, llorando desconsoladamente, sin entender cómo su amo puede confiar en Gollum, mientras que éste último se adentra guiando al hobbit hacia el oscuro túnel que lleva a la tierra de Mordor…y en cuyo interior una gran sorpresa aguarda a Frodo.

 


El se comio las lembas!

 

Mientras, en Minas Tirith, Pippin compensará sus meteduras de pata cumpliendo una arriesgada misión para Gandalf: encender las almenaras, para pedir ayuda a Rohan. Denethor se niega a hacerlo, por lo que el hobbit tendrá que prender el fuego sin ser visto. Pero nada se le resiste a un mediano, ¡urrarrum! Las almenaras comienzan a arder, y su llama se propaga hasta Rohan, donde Aragorn, que no tiene nada mejor que hacer aparte de montar guardia esperando la señal de socorro, la divisa y rápidamente pone sobre aviso a Theoden y los demás. El rey, deseoso de alcanzar la gloria de sus antepasados que de momento ve muy lejana por su escasa aportación en Helm, ordena a sus tropas prepararse para la batalla. Y, así, todos parten rumbo al campamento donde se reagruparán antes de partir a la guerra. Todos…incluida Eowyn, a quien Aragorn pilla in fraganti ocultando una espada bajo su silla de montar. Pero Eowyn ni se inmuta, al contrario, aprovecha para acosar un poco más al montaraz.

 


Eowyn, seguro que solo vienes a despedirnos?

 

Pero la mente de Aragorn está en otra parte. Concretamente, con una mujer elfa que cabalga con su gente rumbo a los Puertos Grises. Pero algo cambia los planes de Arwen. De repente, tiene una extraña visión, en la que aparece Aragorn acompañado del futuro hijo de ambos. Y decide regresar a Rivendel, desobedeciendo los deseos de su padre, que no se alegra precisamente de su vuelta. Pero, por más que Elrond insiste en que le aguarda un negro futuro si permanece allí, Arwen, aún más cabezota que su padre, le hace saber que nada ni nadie la apartarán del lado de Aragorn. El problema es que sí hay algo que puede hacerlo: una extraña enfermedad que está acabando con su fuerza vital al mismo tiempo que Sauron se fortalece. Sólo al ver a su hija en peligro de muerte, Elrond cederá a sus súplicas y forjará de nuevo la espada quebrada que antaño acabó con Sauron, Narsil, ahora rebautizada como Anduril. La espada que debe ser empuñada por el heredero al trono de Gondor, ¡urrarrum!, es decir, por su futuro yerno.

 


Lo siento ada, no me voy a ninguna parte

 

Una vez forjada la nueva espada, Elrond parte rumbo al campamento de los rohirrim para entregársela personalmente a Aragorn. Esto lo hace en plena noche y oculto bajo una capa, y de esta guisa se presenta ante Aragorn, que se queda de piedra al verlo, y más aún después de conocer las intenciones de su suegro: que abandone a los demás y se dirija al interior de las montañas, en busca de una panda de espectros malditos que en su día traicionaron al rey de Gondor, y que sólo podrán ser redimidos si cumplen su palabra y van con él a la guerra.

 


Sorpresa!


Gracias por el regalo, suegro

 

Aragorn intenta marcharse discretamente, pero al parecer no es tan sigiloso como Elrond. Eowyn le pilla haciendo el equipaje y se muestra muy dolida con su partida, tanto que casi se le declara allí mismo…pero Aragorn le ahorra el mal trago con la típica excusa de “te mereces algo mejor que yo”. A continuación, es también descubierto por Legolas y Gimli, que por supuesto no iban a dejarlo marchar sin ellos. Y así, el trío se adentra en las profundidades de la montaña en busca de los malhechores espectrales…


                                  No es sino la sombra de una ilusion lo que amas...

Y, a todo esto…¿alguien se acuerda de Faramir? ¡Urrarrum! ¿Qué pasó con él tras dejar marchar a Frodo y Sam? Pues él y sus tropas son atacados por una partida de monstruosos orcos en Osgiliath, y no les queda otra que dar por perdida la ciudad y regresar a Minas Tirith. En el camino de vuelta, se cruzan también con los Nazgul. Pero por suerte, ahí está Gandalf, el Jinete Blanco, que cabalga en su auxilio para facilitarles la entrada a la ciudad mientras espanta a los espectros alados con la luz cegadora de su vara mágica. Ya dentro de Minas Tirith, Faramir repara, asombrado, en la presencia de Pippin. Y así es como Gandalf y el hobbit tienen noticia de su encuentro con Frodo y Sam.

 


Faramir, no te escondas, no soy tan feo!

 

Poco después, en una solitaria ceremonia, Pippin es nombrado caballero de Gondor, obligado a jurar lealtad a Denethor bajo amenaza de muerte, con beso al anillo del senescal incluido dentro del protocolo. ¡Urrarrum! Pobre amigo hobbit, no sabe dónde se ha metido. Denethor no me gusta nada. Aparte de mal gobernante, es un pésimo padre. No se le ocurre otra cosa que echarle la bronca a Faramir por abandonar las defensas de Osgiliath y, para rematar, decirle que hubiera preferido verle muerto a él antes que a Boromir. Faramir, ante esta muestra de cariño paternal, opta por volver a Osgiliath a intentar recuperar la ciudad de manos enemigas, lo cual parece un suicidio. Denethor ni se inmuta ante su partida, y aprovecha para darse un gran banquete mientras Faramir y sus tropas se dirigen a una muerte segura, escuchando de fondo a maese Peregrin entonar una fúnebre canción mientras él engulle como un cerdo.

 


Padre, cumplire tu voluntad y me reunire con Boromir



Come como un cerdo...mejor no miro

 

 

 Entre tanto, Frodo penetra en el túnel siguiendo a Gollum…o intentándolo al menos, porque la maléfica criatura de pronto desaparece. ¿Y adivináis qué es lo que aparece en su lugar? ¡Urrarrum! ¡Ella-Laraña! Una araña gigante con ganas de comerse al hobbit de aperitivo. Frodo, muy valiente él, consigue escapar de ella a duras penas, y de paso arroja a Gollum por un hoyo, aunque una vez más, por lástima, desperdicia la ocasión de matarlo. Pero Frodo no está a salvo, ni mucho menos. Apenas tiene tiempo de acordarse de Sam y pedirle perdón por no haber confiado en él, cuando la araña, que le sigue sigilosamente, le clava su enorme aguijón. La cara de Frodo es espectacular, debe doler mucho que un bicho tan grande te pinche de esa forma.

 


Ups...creo que me ha picado un bicho

 

 

“Ella” comienza a envolver a Frodo en su tela, y ya se le está haciendo la boca agua, cuando, de repente…¡Urrarrum! ¡Samsagaz el bravo acude al rescate de su amo! Y es que Sam no podía marcharse tan fácilmente….menos aún tras toparse con las lembas arrojadas montaña abajo por Gollum y comprender su malvado plan. Tiene lugar entonces una batalla memorable. Probablemente la más grandiosa vista jamás en la Tierra Media…después de la última marcha de los ents, por supuesto. Ella-Laraña ataca a Sam con furia, pero el hobbit se resiste y esquiva sus aguijonazos con enorme agilidad…cualquiera diría que carga con un montón de utensilios de cocina a sus espaldas. Las bembas lo han puesto fuerte, sin duda. Y, finalmente, con un golpe maestro clava su espada en uno de los ojos del monstruo, que, dolorido, huye hacia el túnel.

 



Samsagaz el bravo en accion

 

Sam acude raudo a liberar a Frodo…pero su amo no responde, tiene los ojos abiertos y ni pestañea, está blanco (o más bien amarillo)…no puede ser…¡Frodo está muerto! O eso al menos cree Sam, mientras llora abrazado a su amo en una tierna escena…que interrumpe la llegada de unos orcos. Sam corre a ocultarse y los enemigos se llevan a Frodo a la Torre Negra de Sauron…al tiempo que le auguran la peor tortura posible cuando despierte. Así, Sam descubre la verdad: Frodo no está muerto y, por su culpa, ahora le han hecho prisionero. Pero nada detendrá a Sam. Sin pensarlo, penetra en la torre y, matando unos cuantos orcos por el camino, consigue rescatar a Frodo. Este, al despertar y verse semi-desnudo, teme lo peor: los enemigos han recuperado el anillo. Pero una vez más se equivoca. Es Sam quien lo cogió para ponerlo a salvo al creer muerto a su amo. Y, aunque le cuesta un poco devolverlo, finalmente Frodo recobra su preciado tesoro y, vestidos de orcos, ambos se disponen a recorrer el último trecho del viaje.

 


Seguro que no quiere prestarme el anillo?

 

Y pasamos del dúo al trío. Aragorn, Legolas y Gimli se han internado en las profundidades de la montaña en busca de los espectros malditos. El lugar no es para nada del agrado de Gimli, en especial cuando tiene que andar pisando un montón de calaveras. Pero finalmente los espectros salen a su encuentro. Y entonces, Aragorn empuña Anduril y se presenta ante ellos como el heredero al trono de Gondor, prometiéndoles la libertad a cambio de que cumplan su promesa y luchen junto a ellos. Aunque les cuesta un poco decidirse, los espectros acabarán acompañándolos, y juntos asaltan los barcos negros del enemigo que marchan rumbo a Minas Tirith y se adueñan de ellos, partiendo hacia la batalla.



Fuera espectros!

 



Alguien se niega a luchar para mi??

 

 

Mientras tanto, en Gondor comienza la lucha con la llegada de las tropas de Sauron. Su saludo consiste en lanzar, a través de catapultas, las cabezas de los hombres de Faramir que, como era de esperar, han sido aniquilados en su intento por recuperar Osgiliath. Pero su capitán ha tenido más suerte. Regresa, herido, arrastrado por su caballo. Sin embargo, Denethor, al verlo, enloquece y le da por muerto, ordenando a sus hombres que los quemen a ambos e ignorando los intentos de Pippin por hacerle entrar en razón. El hobbit, aterrado, corre en busca de Gandalf, y ambos se dirigen a tratar de impedir que el senescal cometa semejante disparate. Pero, de camino, alguien los detiene: el Rey Brujo, señor de los Nazgul, que ha acudido para matar al mago. Aunque una vez más la suerte se pone de su lado, porque, justo en ese instante, se escucha el cuerno de Rohan. ¡Theoden y sus tropas llegan a unirse a Gondor! Y el espectro decide que es mejor dedicar su atención a los nuevos refuerzos y olvidarse de Gandalf por el momento.

 


Menos mal que llegan los rohirrim, urrarrum!

  

 Así, el mago y el hobbit consiguen llegar a tiempo y salvar a Faramir, en un heroico acto de Pippin, que salta en medio del fuego y consigue apartar de las llamas al hijo de Denethor. El senescal, sin embargo, no es tan afortunado, y no sólo arde vivo, sino que además se arroja desde lo más alto de la ciudadela. Se lo tenía bien merecido, ¡urrarrum!

 


Denethor...antes y despues de chamuscarse

 

  Pero volvamos a los rohirrim. ¿Sabéis quién se ha infiltrado entre sus tropas? ¡Eowyn y Merry! Ambos fueron apartados, ella por ser mujer, él por ser demasiado pequeño. Pero Eowyn ignoró las reglas y, llevando a Pippin junto a ella, decidió ir a la guerra con su gente. Y ambos demuestran sobradamente que merecen estar allí. Impactante su perfecta coordinación para cargarse unos cuantos olifantes, mientras Merry lleva las riendas y Eowyn se encarga de cortarles las patas con su espada…que debe tener una hoja muy afilada. Otro al que también se le dan bien los olifantes es Legolas. El elfo se encarama en una magistral acrobacia a lomos de una de las bestias, se carga a todos los enemigos que van a bordo y, finalmente, le clava una flecha en plena cabezota al pobre animal, que cae muerto al suelo al tiempo que Legolas se desliza elegantemente por su trompa. ¡Urrarrum!

 


Pobres olifantes, urrarrum!

 

Y llegamos al punto culminante de la batalla. El Rey Brujo divisa a Theoden y su cabalgadura embiste al rey, que cae al suelo y es aplastado por su caballo. Cerca de allí, Eowyn contempla la escena horrorizada. Dispuesta a todo por salvar a su tío, se planta frente al Nazgul, que tiene la desfachatez de reirse de ella …no sabe con quien se la está jugando. Eowyn empuña su espada y, con un golpe seco, corta de un tajo la cabeza de la bestia alada sobre la que cabalga el espectro. El Nazgul, furioso, ataca a Eowyn, que está a punto de morir…pero es entonces cuando aparece Merry, clavando su puñal al espectro. Aprovechando su momentánea confusión, Eowyn consigue clavarle su espada en lo más profundo de su negra armadura. El Rey Brujo muere retorciéndose de dolor.


Eowyn y Merry han recibido una grave herida al usar sus armas contra un Nazgul. Pero, antes de sucumbir al dolor, Eowyn tiene tiempo de llegar hasta Theoden, tan sólo para verle morir. Pero el viejo rey muere feliz, pues ahora se sabe merecedor de ocupa un lugar junto a sus antepasados, después de haber llevado a sus tropas a la batalla más importante jamás librada en la Tierra Media.

 



El fin del Rey Brujo

 

La batalla acaba y las tropas enemigas son derrotadas. Ahora toca curar a los heridos. Pippin va en busca de Merry y lo haya bajo un montón de cadáveres…pero el hobbit sigue vivo, aunque malherido por el veneno de los Nazgul. Eomer, por su parte, se lleva un susto de muerte al encontrar a su hermana inconsciente en medio del campo de batalla y, al igual que Merry, gravemente herida. Pero, por suerte para todos, tienen al mejor médico con ellos: al futuro rey, Aragorn. Y es que las manos del rey poseen poderes curativos. Y si no, que se lo digan a Eowyn, que se recobra en un segundo nada mas ponerle Aragorn un paño mojado sobre la frente. La joven es enviada a reposar a las Casas de Curación, donde coincide con Faramir… al que ve como un buen sustituto para Aragorn, una vez convencida de que el corazón del montaraz pertenece a Arwen. Faramir, por supuesto, se enamora de Eowyn nada más verla…eso es porque no ha probado sus estofados, ¡urrarrum!

 


Ale...ya estas curada, ve a conocer a Faramir

 

Y llegamos al momento culminante de la trilogía. Frodo y Sam están muy cerca del Monte del Destino, pero los ejércitos que Sauron aún mantiene en reserva se interponen en su camino. Aragorn, previendo el problema, idea un plan para hacerlos salir. Se presentarán en la Puerta Negra todos juntos y retarán al mismísimo Señor Oscuro a enfrentarse a ellos…sabiendo que no tienen opción de ganar, pero sí de concederle tiempo a Frodo para destruir el anillo. Y, tal y como Aragorn suponía, al percartarse de su movimiento, Sauron ordena a sus tropas salir a aniquilar a sus enemigos. Frodo y Sam tienen vía libre para llegar al Monte del Destino.

 


A por Sauron!

 

No es sin embargo Sauron quien sale a recibir a Aragorn y los demás, sino su “representante”, “Boca de Sauron”, una boca parlante con dientes negros que les quiere hacer creer que Frodo ha sido asesinado para negociar con ellos. Pero Trancos interrumpe las negociaciones al cortarle la cabeza limpiamente a la horrible criatura. A continuación, suelta uno de los discursos más emotivos de la trilogía, para insuflar ánimo a sus hombres. Y todos se disponen a luchar “por Frodo”, tal y como dice el futuro rey.

 


Por Frodo!


Pero volvamos con los dos hobbits. Frodo, agotado por el peso del anillo, apenas puede seguir adelante. Y ahí está Samsagaz para salvar de nuevo la situación. Ni corto ni perezoso, carga a Frodo a su espalda y se encamina decidido a cumplir con la misión.
 


                           Creo que ha comido usted muchas lembas, señor Frodo

Sin embargo, un último obstáculo se interpone entre ellos y su objetivo: Gollum. Sí, Smeagol no está muerto, ni mucho menos, y se abalanza sobre Frodo dispuesto a arrebatarle el anillo. Sam, como puede, se lo quita de encima a su amo, que, milagrosamente repuesto, sale corriendo hacia el Monte del Destino. Allí, justo al llegar al borde del abismo donde tiene que arrojar el anillo para ser consumido por el fuego, y a pesar del largo camino y de lo mucho que les ha costado alcanzar su meta, Frodo, de repente, decide que no le apetece destruir el anillo y que es mucho mejor que se lo quede para él. Sam grita horrorizado al contemplar cómo su amo se pone el anillo y desaparece.

                      
                                        El anillo es mioooo, mi tesorooooooo

Pero Gollum aún no ha dicho su última palabra. Enloquecido, sigue los pasos de Frodo y se lanza contra él, arrancándole, a tientas, el dedo donde tiene puesto el anillo. Frodo reaparece aullando de dolor y con la mano, de ahora cuatro dedos, chorreando sangre. Pero él tampoco está dispueto a que Gollum se salga con la suya. Mientras la criatura bailotea en el borde del abismo gritando extasiado “mi tesoro”, Frodo le alcanza y ambos comienzan a pelear….una vez más peligrosamente cerca del borde. Tan cerca, que dan un pequeño traspiés y ambos caen…o eso parece en un principio. Frodo, en realidad, consigue agarrarse a un saliente y Sam acude por enésima vez en su rescate. Pero Gollum, con anillo incluido, se precipita al fondo del abismo y ambos son consumidos por el fuego. Se lo tenía bien merecido por bribón, ¡urrarrum!

 



Adios a Gollum y al anillo, urrarrum!

 

Fuera, la batalla se pone cada vez más difícil y a duras penas consiguen mantener a las tropas enemigas. Pero, de pronto, éstas huyen despavoridas. La Torre Negra se viene abajo. El Ojo de Sauron desaparece. ¡El anillo ha sido destruido! Frodo, a pesar del peligro en que se encuentran, se muestra feliz por haberse liberado de la maléfica influencia del anillo. Pero Sam no está tan contento…sobre todo al pensar en la Comarca y en Rosita Coto, la tabernera de la que está enamorado y con la que ya nunca podrá casarse. Frodo, haciéndose cargo de la tristeza de su amigo, le consuela diciendo lo feliz que le hace morir a su lado. ¡Urrarrum! ¡Menud consuelo! Pero, una vez más, la fortuna sonríe a los buenos. Llegan las águilas y Gandalf, a lomos del señor de las águilas, consigue llegar a tiempo y rescatar a los dos hobbits cuando están a punto de sucumbir al fuego.

 



El final de todas las cosas

 

Destruido Sauron, sólo queda coronar al nuevo rey de los hombres. En una emotiva ceremonia, Aragorn es coronado rey rodeado de todos sus amigos. Incluso se atreve a deleitarnos con su profunda voz cantando mientras pasea entre sus nuevo súbditos. Pero se queda mudo al descubrir la sorpresa que le aguarda al final del camino: Arwen. La elfa se ha recobrado, una vez derrotado el Señor Oscuro, y se presenta ante él sumisamente, como cabe hacerlo ante un rey. Pero Aragorn, después de tanto tiempo, no se anda con formalidades y, delante de todos, besa a Arwen, provocando los aplausos generales e incluso, por increíble que parezca, la sonrisa de su suegro Elrond.

 


Bueno, Arwen se lleva un buen partido

 

Ya en compañía de Arwen, llegan a donde se encuentran los cuatro hobbits, y, ante el profundo estupor de Frodo, tanto el rey como el pueblo de Gondor en pleno se postran ante ellos como muestra de agradecimiento. ¡Urrarrum! Se me ponen las hojas de punta…

 


A vuestros pies amigos medianos, urrarrum!


Y, como toda aventura tiene un final, es hora de que la Compañía del Anillo se separe al fin y cada uno regrese a su hogar. En el caso de los hobbits, a la Comarca. En el caso de Sam, el regreso no podía ser mejor, pues nada más llegar se lanza dispuesto a conquistar a Rosita…y vaya si lo hace. ¡Urrarrum! Samsagaz es mucho Samsagaz. A Frodo, sin embargo, no le ha sentado tan bien la vuelta a casa. Las heridas acumuladas a lo largo del viaje siguen estando presentes. Y, quizá, la rápida boda de Sam tampoco le haya sentado excesivamente bien. El caso es que, aprovechando que los elfos han invitado a su tío Bilbo a unirse a ellos en el último barco que zarpará rumbo a las Tierras Imperecederas, Frodo se apunta también al viaje. Y allí, en la orilla de los Puertos Grises, tiene lugar la despedida más triste: Frodo dice adiós, para siempre, a Merry, Pippin y, por último, a Sam.

                       
                          LOS PUERTOS GRISES...FIN DEL VIAJE, URRARRUM!


Lo mejor
: todo    Lo peor: Que se haya terminado
        


Publicado por entMaria @ 18:53 | Criticas | 1 Comentarios | Enviar

Comentarios

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  • Autor: Scarlett
  • Fecha: Mi?rcoles, 18 de julio de 2012
  • Hora: 18:22

Muy completo, se entiende bien y me emocioné al recordar la historia... 5/5