sábado, 18 de julio de 2009

Crítica :: Harry Potter y el Misterio del Príncipe


Por fin se terminó la larga espera. La sexta película de Harry Potter ha aterrizado en los cines de todo el mundo. Y los jóvenes magos de Hogwarts se han visto atacados por un peligro mucho mayor que el que representa el mismísimo Lord Voldemort: ¡las hormonas! Así es: En “El príncipe mestizo”, o “El misterio del príncipe”, como más os guste, Harry, Ron y Hermione dejan de lado, durante la mayor parte del tiempo, la guerra contra el Señor Tenebroso para centrarse en sus relaciones con los miembros del sexo opuesto. Esto nos deja, sin duda, con la película más divertida de la saga. Pero nos lleva también a su único punto negativo: demasiados líos de faldas y poca, muy poca, lucha contra Voldemort y sus mortífagos...excepto en ese magnífico y ya inolvidable tramo final. Nada que no pueda perdonarse sabiendo lo que nos espera en “Las reliquias de la muerte” y tras disfrutar enormemente con los dilemas adolescentes de unos ya creciditos Daniel, Rupert y Emma, en dos horas y media que se pasan en un suspiro.

La película arranca de forma perfecta, justo donde terminó “La Orden del Fénix”: con Harry y Dumbledore juntos, reivindicando el regreso de Voldemort. Desde el comienzo, vemos a un Dumbledore más cercano que nunca a su alumno predilecto, paternal incluso pero, ante todo, decidido a preparar a Harry para la lucha final contra Voldemort. El Señor Tenebroso se ha fortalecido, ha ganado adeptos que se dedican a destruir tanto el mundo mágico como el de los muggles. Y Dumbledore necesita la ayuda de Harry para cumplir una importante misión: recuperar un recuerdo vital de la memoria de un viejo profesor de Hogwarts: Horace Slughorn. Harry consigue, de forma involuntaria, que el profesor regrese a su antiguo puesto en clase de Pociones, y rápidamente (en parte gracias a la ayuda de un extraño libro propiedad de un tal “príncipe mestizo” que le convierte en el número uno de la clase)  formará parte del círculo de elegidos de Slughorn…al que también perteneció, en su día, un joven Tom Riddle. A lo largo de la película descubriremos pequeños retazos del pasado de Voldemort, sus comienzos en Hogwarts, su carácter rebelde y prepotente…y su interés desmesurado por la magia oscura.


Mini Voldemort


Otra de las tramas importantes de “El misterio del príncipe” es la de Draco Malfoy y su “misión secreta”. El rubiales Malfoy ha ingresado en las filas de los mortífagos, y el mismísimo Voldemort le ha encomendado una peligrosa misión. Para cumplirla, contará con la ayuda de Snape, que, mediante un juramente inquebrantable, está obligado a llevar a cabo él mismo la tarea de Malfoy si su protegido es incapaz. Por supuesto, Harry pronto comenzará a sospechar de Draco, aunque nadie, ni tan siquiera Ron o Hermione, se mostrará dispuesto a creerlo en un principio.

Pero vamos con la “trama central” de la película. La indagación en el pasado de Voldemort o los secretos de Malfoy se quedan en nada al lado de la locura hormonal adolescente que ha invadido Hogwarts. Y nuestro trío protagonista no podía ser inmune. Si bien antes comentaba que eché de menos un poco más de atención a la “parte seria” de la historia, lo cierto es que me encantó el tratamiento de los “romances”, totalmente fiel al libro de Rowling y con un toque cómico muy bien llevado y magníficamente interpretado, en particular, por Rupert Grint. De hecho, la historia de Harry y Ginny casi se convierte en secundaria frente a la de Ron y Hermione, que, por fin, empezarán a intuir, después de tantos años, que son algo más que amigos. La revelación será especialmente dolorosa para Hermione (genial Emma en este tramo) cuando, después de su exitoso debut como guardián de quidditch, Ron acaba liándose con la odiosa y empalagosa Lavender Brown. Preciosa la escena en que Hermione y Harry se cuentan sus penas amorosas, mientras Ron retoza con Lavender y Ginny hace lo propio con otro chico de la escuela. Muy bonita también la relación que se va estableciendo entre Harry y Ginny, mucho más creíble que la que tuvo con Cho, en especial el esperadísimo momento “beso”. Y, sobre todo, encantadora la escena del súbito enamoramiento de Ron y su posterior envenenamiento, cuando, inconsciente, pronuncia el nombre de Hermione. Aunque, como todos los fans potterianos sabemos, la resolución de la historia de los mejores amigos de Harry tendrá que esperar a la próxima película.





Las dos grandes parejas potterianas


¿Y qué pasa con Hagrid? El guardabosques tiene menos protagonismo que en anteriores películas, si bien su aparición en el tramo final es vital…estoy hablando de la “impactante” escena del funeral de su araña gigante, Aragog, donde Harry conseguirá, al fin, el recuerdo de Slughorn, después de que el profesor se suelte la lengua tras brindar unas cuantas veces a la salud del difunto arácnido. Una escena donde disfrutamos de las sorprendentes dotes cómicas de Daniel Radcliffe, en dura competencia con su amigo Rupert.

Y con la inesperada exhibición cómica de Harry se acaba por completo la parte divertida de la película. El tramo final da un giro radical, cuando se desvela la auténtica misión de Dumbledore (SPOILERS!): conseguir los llamados “horocruxes”, objetos donde Voldemort ocultó parte de su alma, para hacerse inmortal, tal y como revela el último recuerdo de Slughorn. Harry y Dumbledore parten juntos en busca de uno de los horocruxes, lo que nos lleva a una de las escenas más esperadas de toda la saga potteriana: la de la cueva. La última aventura conjunta de Harry y su director. Una vez más, enormemente fiel al libro: la barca secreta oculta en el agua, la copa que Dumbledore debe vaciar bebiendo por la fuerza, los inferi (tremendo ejército de Gollums!)…todo es espectacular y plasma perfectamente ese memorable capítulo de Rowling.

Y llegamos al desenlace, al regreso a Hogwarts, y a la traición de Draco (SPOILER GORDO). La escena de Malfoy aputando a Dumbledore con su varita, en la torre del castillo, mientras el anciano director intenta convencerlo de que no es un asesino…es el punto culminante de la película y sin duda de las mejores de toda la saga. Geniales Michael Gambon y sobre todo Tom Felton, que consigue transmitir perfectamente esa mezcla de emociones que sufre Malfoy. Y genial, como siempre, Alan Rickman en su papel de Snape, con esa aparente frialdad con la que aparece, apartando a Draco y ejecutando su misión ante la atónita mirada de Harry, que ve impotente como su odiado profesor mata a Dumbledore con un “Avada kedavra”. La caída del director desde lo alto de la torre es sobrecogedora. Bien también Daniel en su interpretación de Harry en este tramo, que tanto nos recuerda a la muerte de Sirius en la peli anterior. De nuevo, Harry sale en persecución de los asesinos. Y, de nuevo, éstos escapan sin que él pueda evitarlo, con recochineo de Snape (el príncipe mestizo) incluido.


La ultima batalla de Dumbledore


Me paro aquí para criticar lo que menos me gustó de la película: la total desaparición de los miembros de la Orden del Fénix y del Ejército de Dumbledore. Empezando por Ron, Hermione, Neville o Luna, y contando, por supuesto, con Lupin, Tonks, Ojo Loco y compañía, me parece imperdonable que la película se saltará, por completo, la batalla que se libra en el interior del castillo, entre los miembros de la Orden y los mortífagos. Aquí, en cambio, vemos a Bellatrix destrozando el mobiliario del Gran Comedor a su antojo y sin oposición alguna. Una verdadera lástima.

Y otro pasaje del libro que no puedo creer que se saltaran (aunque aquí ya iba avisada): el funeral de Dumbledore. Los lectores de Harry Potter sin duda recuerdan “la tumba blanca” como uno de los capítulos más conmovedores de toda la saga. Que eso quede reducido a un minuto escaso de encendido de varitas en torno al castillo (por muy bonita que sea la escena en cuestión), hace muy poca justicia al papel de Albus Dumbledore...¡por Dios, hasta la acromántula de Hagrid tuvo su funeral! Y aunque admito que hacer una adaptación de un tocho de 600 páginas no es tarea fácil…hay pasajes como éste que no se deberían haber omitido. Queda al menos el consuelo de una última escena preciosa y muy emotiva: Harry, Ron y Hermione, despidiéndose de Hogwarts y dispuestos a continuar juntos con la misión de Dumbledore…mientras contemplan el último vuelo del fénix del director.

En suma, la sexta película de Harry Potter consigue una adaptación casi redonda del libro, si bien esa manía de llegar a todos los públicos hace que se preste una atención excesiva a los problemas amorosos de nuestros protagonistas y que se pase un poco por alto el lado oscuro y trágico que en la novela se manifiesta con mucha mayor intensidad. Aún así, una grandísima película, con buenas actuaciones en general, tanto de jóvenes como de adultos, y que nos deja con muchas, muchísimas ganas de ver “Las reliquias de la muerte”.



Nota: 9
Lo mejor: Ron enamorado, la cueva y la muerte de Dumbledore
Lo peor: muchas hormonas y poco Voldemort


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