
Lo primero que me llamó la atención cuando conocí la existencia de "I sell the dead" fue, cómo no, la presencia estelar de Dominic Monaghan, que hace tiempo se convirtió en uno de mis grandes ídolos por el simple hecho de ser el nexo de unión entre mi película y mi serie preferida, por mucho que ya no esté en esta última (malditos guionistas...). Volver a ver a Dom en la pantalla grande era motivo más que suficiente para darle una oportunidad a esta película. Ahora, tras verla, puedo decir que si bien Charlie es lo mejor de ella, no es la única razón por la que merece la pena invertir 90 escasos minutos en el visionado de esta peli que, aunque modesta y sin grandes pretensiones, te hace pasar un buen rato entre cementerios, cadáveres...y muertos que están muy vivos.
En "I sell the dead" Dominic interpreta a Arthur Blake, un ladrón de cadáveres que aprendió su "oficio" de pequeño bajo las órdenes de Willie (Larry Fessenden). Años después, apresado y a punto de ser ejecutado, confiesa sus pecados a un sacerdote (interpretado por Ron Perlman, el gran Hellboy), poco después de que su desafortunado compañero de saqueos haya perdido literalmente la cabeza en la guillotina en la genial y sangrienta escena que abre la película.

Arthur y Willie a la caza y captura de cadáveres
A través de la confesión de Arthur, iremos conociendo su curiosa y agitada vida como ladrón de cadáveres. Y es que el nuevo trabajo de Dom resulta ser más complejo de lo que pueda parecer a simple vista. Como nuestro querido Charlie dice: "Nunca confíes en un cadáver". ¿Por qué? Porque hay muertos que están muy vivos. Así, vemos como Arthur y Willie se van topando con criaturas de lo más variado, desde vampiros o muertos vivientes...hasta extraterrestres congelados. Todo ello, con una lograda ambientación estilo Tim Burton, con predominio de cementerios, niebla, tumbas, muertos y no muertos...y visitas esporádicas a la taberna del lugar para beber unas cuantas pintas de cerveza entre saqueo y saqueo. La trama de la película no es nada compleja, sin embargo, sí guarda un par de pequeñas sorpresas en el desenlace final que ponen la guinda a un guión sencillo pero bien elaborado.
Sin duda, lo mejor de "I sell the dead" (aparte de Dom) es su humor negro. Los diversos seres sobrenaturales que se cruzan en el camino de la pareja protagonista son cutres como ellos solos, logrando una parodia muy buena de las cintas de terror tradicionales. Que nadie espere pasar miedo en esta peli, pero unas buenas risas están aseguradas. Genial la escena vampírica de la estaca y los ajos. Muy bueno el ET congelado, que habría hecho enloquecer al mismísimo agente Mulder. Y terroríficamente divertido el muerto viviente. La escena en que la pobre criatura, Arthur y Willie son apresados por sus enemigos, la familia Murphy (rivales en el oficio) y sometidos a la "enorme tortura" de presenciar el rostro deforme de una de sus captoras antes de morir no tiene desperdicio. Como tampoco lo tiene la traumática iniciación del menor de los Murphy en el "negocio familiar".

Los malvados Murphy
Como no podía ser menos, me dejo a Dominic para el final. El ex-hobbit encaja en su nuevo papel como anillo mágico en el dedo de Frodo. Sólo con ver sus gestos, su cara, sus reacciones ante los diversos monstruos a los que debe hacer frente, ya te hace reir. Grande Charlie.
En definitiva, "I sell the dead" no es un peliculón, ni lo pretende en ningún momento, pero es altamente recomendable para todos aquellos aficionados al género de terror, que quieran ver una película con una perspectiva diferente, pero sin perder los tradicionales escenarios de cementerios, tumbas y seres sobrenaturales varios, echarse unas risas y, por supuesto, disfrutar del regreso a la pantalla grande de Dominic Monaghan.

Grande Charlie el ladrón de tumbas
Nota: 7
Lo mejor: Dominic Monaghan
Lo peor: le falta un poco de chispa a la historia y algo más de metraje para poder desarrollarla