
Fin de la espera. “El curioso caso de Benjamin Button” era una de esas películas que estaba deseando ver desde hace mucho mucho tiempo. Y, como a veces pasa con las largas esperas, el resultado final no es malo, ni muchísimo menos, pero tengo que reconocer que me acabó decepcionando un poco debido probablemente a las altas, altísimas, expectativas generadas. Y también debo admitir que me generó un mal rollo que pocas películas, por muy tristes que sean, han conseguido transmitirme.
Estamos, sin duda, ante una muy buena película, con una historia fascinante y tremendamente original: la de un hombre, Benjamin Button (Brad Pitt) que, al contrario del resto de los mortales, rejuvenece con el paso del tiempo. A lo largo de casi 3 horas iremos conociendo la vida de este ser tan peculiar, y las dificultades a las que debe hacer frente debido a su alterado reloj biológico. La mayor dificultad, eje central absoluto de la película, es la imposibilidad de mantener una relación “normal” con Daisy (Cate Blanchett), el amor de su vida desde su primer encuentro.


La extraña pareja
Dejando a un lado a la agonizante Daisy, nos metemos de lleno en la vida de Benjamin. Abandonado por su padre, aterrorizado al ver la “preciosa carita de bebé de 80 años” de su hijo recién nacido, Benjamin es recogido y criado por una mujer negra, que trabaja en una especie de asilo de ancianos. En ese ambiente, Benjamin crece, o más bien decrece, como un huésped más. Sin embargo, no puede evitar sentirse diferente. Hasta que, un día, conoce a la mujer que cambiaría su vida para siempre: Daisy, la nieta de una de las residentes. Benjamin y Daisy entablan pronto amistad, no en vano son los únicos “niños” del lugar, como Daisy rápidamente reconoce pese al aspecto exterior de Benjamin. Es de destacar de este tramo de la película la escena de la pequeña “travesura” de la pareja, cuando salen a jugar una noche, y, escondidos, en una preciosa toma a contraluz, Daisy roza con su mano la cara arrugada de Benjamin, intentando en vano comprender que es lo que anda mal en su nuevo amigo.

el viejo Brad sacando músculos
Tras este tramo lento, Benjamin vuelve a casa, mucho más joven. Y, cómo no, se reencuentra con Daisy, que ha dejado de ser una niña para convertirse en una guapa joven que está iniciando, con enorme éxito, su carrera como bailarina profesional. A pesar de ello, Daisy no ha olvidado a Benjamin, e incluso intenta introducirlo en su círculo de amigos y, en una noche de locura en Nueva York, llevarlo a la cama. Benjamin, sintiéndose por completo ajeno al mundo que rodea a Daisy, y viéndose terriblemente mayor para ella, la rechaza, dejándonos con una de las frases para recordar de la película: “La vida está definida por las oportunidades que se nos presentan…incluidas aquellas que dejamos pasar”. Que razón tiene el amigo Benjamin…

Benjamin perdiendo su oportunidad
Pero, como era de esperar, la felicidad no podía durar, ya que el tiempo no se para. El embarazo de Daisy complica repentinamente las cosas. Si bien es una complicación cuya resolución yo no terminé de entender. Solución de Benjamin para que su futura hija no vea como su papá va rejuveneciendo: de nuevo, marcharse. Teniendo en cuenta que, en este punto, el señor Button anda por los cuarenta y tantos, podría perfectamente haber ejercido de padre durante un tiempo considerable y ahorrarle a su hija el trauma de descubrir todo el pastel varias décadas después y, para colmo, en el lecho de muerte de su madre. Pero, en lugar de eso, elige abandonar al amor de su vida. Lo dicho, para nada convincente. Menos aún teniendo en cuenta que Benjamin se presenta de nuevo años después, cuando aparenta prácticamente la misma edad que su hija y Daisy ya es casi una anciana…lo que no impide que se den un ultimo revolcón. Muy emotiva, eso no lo puedo negar, la despedida de la pareja, con esa frase lapidaria por su innegable certeza, “nada es para siempre”, mientras se contemplan uno al otro viendo los horribles efectos del paso del tiempo…en claro y maravilloso contraste con esa escena de su niñez a la que me refería al comienzo, cuando los papeles de niño y anciano están invertidos.

En medio del camino
Y ésta es la historia de Benjamin Button. Una historia de amor imposible, del paso del tiempo, de vida, de pérdida y de muerte. Contada de forma magistral (excepto los pasajes intermedios intrascendentes que he mencionado) y profundamente dolorosa en ciertos momentos. Todo ello, con unas grandes interpretaciones de Brad Pitt y Cate Blanchett, complementadas por una buena banda sonora con varios temas preciosos que suenan en el instante adecuado (de los que ya hablaré en su momento) y con una labor tras las cámaras de maquillaje, fotografía y demás que sin duda se hará merecedora de unos cuantos Oscar. En cuanto al premio gordo, el de mejor película, eso ya no está tan claro, no sé, falta o sobra algo para redondear este curioso caso de Benjamin Button. Y, para terminar, me voy a permitir un pequeño consejo: si el concepto de la vejez, la muerte o el paso del tiempo os da malas vibraciones, si tenéis un mal día, o si simplemente queréis ir al cine a pasar un rato entretenido, sin comeduras de cabeza adicionales…¡¡no veáis esta película!!

Nota: 8
Lo mejor: Brad Pitt de joven!!
Lo peor: Brad Pitt de viejo!!