
Sí, definitivamente enero está siendo un mes de cine. Y hoy nos toca hablar de la revolución de Leo DiCaprio y Kate Winslet. Vía revolucionaria es una de esas pelis que sin duda provocan opiniones totalmente encontradas. Habrá un numeroso sector del público que la considere aburrida, rayante, repetitiva e incluso desagradable. Y un segundo sector (en el cual me incluyo) que se sienta plenamente identificado con la historia de Frank y April y profundamente tocado por la crudeza, la desolación y, sobre todo, el triste realismo que desprende la película.
“Vía revolucionaria” no es, ni más ni menos, que el nombre de la calle donde vive la en apariencia feliz pareja formada por Frank (Leo) y April (Kate), un joven matrimonio con dos pequeños hijos, una hermosa casita en un barrio residencial y, en teoría, poseedor de todo aquello que el canon social establece como requisito imprescindible para sentirse feliz y realizado en la vida. Pero algo se está pudriendo por dentro de esa falsa apariencia de perfección, y no tarda en salir a la superficie y…explotar.
Muy bueno el comienzo de la película, que nos muestra el momento en que dos jovencísimos Frank y April se conocen, ambos dispuestos a comerse el mundo, llenos de sueños e ilusiones. Ambos encajan desde el primer instante, sienten que son diferentes, especiales, que su vida no será nunca comparable a la monótona existencia del resto de los mortales. En la siguiente escena, volvemos al presente. Frank gasta sus días en un absurdo trabajo por el que no siente ni la más mínima motivación. April acaba de tener su enésimo fracaso como actriz y se derrumba delante de su atónito marido, lamentándose a gritos de su patética existencia, de sus sueños frustrados, y acusándolo a él de estar mintiéndose a si mismo y de haber permitido que, con el paso de los años, todo aquello que los hacía diferentes haya caído en el olvido. Si alguien no se siente identificado, al menos en parte, con estos chicos, tiene mi más sincera admiración.

Leo ejerciendo de hombre gris
A partir de este punto, la vida de la joven pareja da un giro radical cuando April, arrepentida por su ataque de cólera y deseosa de mejorar las cosas, le propone a Frank romper con todo y marcharse a Paris. Una propuesta a la que él en principio se muestra reacio, pero que termina aceptando…o eso parece.
Bien, a partir de aquí, paso a destripar la película, así que aconsejo un STOP para todos aquellos que aún no la hayan visionado.
Preciosa la parte que transcurre entre la decisión de marcharse y … el cambio de opinión. Durante un breve tiempo, Frank y April vuelven a ser los que eran. Frank acude sonriente al trabajo, destacando sobre el resto de “hombres grises” trajeados que lo rodean, teniendo una nueva motivación. Su matrimonio recupera la pasión y, sobre todo, la complicidad. Ambos disfrutan al ver las caras atónitas de sus amigos y conocidos conforme van divulgando la noticia. Donde el resto del mundo ve un acto estúpido e inmaduro, ellos sienten que están tomando la mejor decisión de sus vidas.
Obviamente, el hermoso sueño no podía durar. Un ascenso laboral con suculenta oferta económica incluida, junto el inesperado e inoportuno embarazo de April y los “sabios consejos” de sus colegas, hacen que Frank se arrepienta de su decisión. Ni que decir tiene que esto, junto con la inútil confesión de adulterio de Frank, provoca la más profunda de las crisis en el matrimonio, cuernos de April con el vecino incluidos, por puro despecho, poco después.

Au revoire Paris...

"el loco"
Y si esta escena es grande, no menos es la siguiente. Tras la espectacular pelea, en la que Leo y Kate se dicen de todo menos bonicos, a la mañana siguiente, él se planta en la cocina a la hora del desayuno…y se encuentra a su mujer preparándole unos huevos, amable y sonriente, como si nada hubiera ocurrido. Lo cual me recuerda una de las muchas frases de la película que son verdades como puños, “la verdad no se marcha, sólo aprendemos a camuflarla cada vez mejor”…o algo así. Y ahí está April, camuflando la verdad con una sonrisa y unos huevos revueltos. O eso parece…
Probablemente, el anterior hubiera sido un buen final. El final políticamente correcto. Se acabó el intento de revolución, volvemos a la triste realidad. Y ya de por sí hubiera sido un final dramático. Pero, de hecho, el dramatismo resulta ser aún mayor. April intenta acabar con la vida del niño que lleva, para ahorrarle sufrimiento al pequeño, o para ahorrárselo ella misma…pero la cosa no sale del todo bien y se lleva su propia vida en el camino.
¿Y qué nos queda después de todo? La impresionante imagen de los vecinos, prototipo de pareja hipócrita donde las haya, él atormentado por la pérdida de su amante y ella aceptando su cobarde propuesta de no volver a nombrar al desgraciado matrimonio que, una vez, tuvo la osadía de querer romper las normas. La casera poniendo verde a la pareja que poco tiempo atrás tenía en los altares, mientras su marido sube el volumen de los auriculares para aguantar sus berridos lo menos posible. Y, sobre todo, un Leo destrozado, sin mujer, sin sueños, sin nada excepto sus hijos, a los que por fin parece dispuesto a dedicar el tiempo que merecen. Un hombre atormentado por la culpa y el remordimiento de no haber sido capaz de perseguir sus sueños. Una vez más, quien no se sienta mínimamente identificado con esta historia, que tire la primera piedra. O mejor aún, aquellos que no lo hagan, y que piensen que esta película es un completo aburrimiento, sin guión, repetitiva, gris, que se paren a pensar: ¿se refieren a la película o a su propia vida?
Pegas, por poner algunas. El poco o nulo papel de los hijos de la pareja, que están desaparecidos, inexplicablemente, la mayor parte del tiempo. La banda sonora, tiene sus momentos, pero podrían haberle sacado mucho más jugo. Igual que a la insulsa pareja de vecinos, aunque supongo que cumplen perfectamente con su papel. Destacar, por contra, las magníficas actuaciones de Leo y Kate, su entrega y su compenetración, el realismo puro y duro que transmiten sus personajes. Y no olvido, por supuesto, al doctor chiflado, John, cuya interpretación le ha valido a Michael Shannon la nominación al Oscar a mejor secundario. Para mí, desde luego, Leo y Kate también merecían una nominación cada uno. Buf, qué lejos queda Titanic…

El antes y el después de Leo y Kate
Nota: 8
Lo mejor: Las interpretaciones de Leo, Kate y John el loco
Lo peor: la triste realidad que esconde la historia