
Voy a comenzar la crítica de esta película criticándome a mí misma, que dicen que es algo muy sano que conviene hacer de vez en cuando. La razón, esta entrada que publiqué hace un tiempo en el blog y donde venían anunciadas las nominaciones a los Globos de Oro. He de admitir que, cuando vi el nombre “The reader” (El lector) en el grupo de los más nominados, no tenía la más remota idea de que dicha película existiera y mucho menos conocía su argumento. Cuando lo leí, no me pareció nada del otro mundo (más vueltas a la Segunda Guerra Mundial, qué novedad) y pensé “otra vez los críticos y sus gustos extraños, dando premios inmerecidos, seguro”. Hasta que, un día, te apetece ir al cine, consultas la cartelera y a primera vista nada te atrae. De pronto, te topas con un título familiar y piensas: “Anda, vamos a ver qué tal está. A fin de cuentas, si salen Kate Winslet y Ralph Fiennes no puede ser un bodrio.” Unas horas después de tan acertado pensamiento, sólo puedo decir que “El lector” merece sobradamente las nominaciones que tiene e, incluso, podría tener alguna más.
Hecha la autocrítica, voy con la película. Y la voy a destripar por completo, así que para aquellos que pretendan verla, recomiendo no leer los siguientes párrafos. La historia comienza con un romance prohibido entre un joven de quince años, Michael, y una mujer de treinta y tantos, Hanna (Kate Winslet). Michael cae rendido en las redes del primer amor, y se enamora perdida e incondicionalmente de Hanna. Su relación transcurre siguiendo una curiosa rutina diaria: todas las tardes, al salir de clase, Michael va a casa de Hanna, toman un baño juntos, él le lee una historia y, acto seguido, hacen el amor. Esa rutina sólo se rompe durante un corto fin de semana en el que ambos hacen una romántica escapada, organizada por el joven, que vive por y para Hanna. Hasta que, un día, la mujer desaparece sin razon aparente. Años después, Michael es estudiante de Derecho en la universidad, y asiste con sus compañeros a un juicio público, donde se acusa a un grupo de mujeres alemanas, ex-guardas de campos de concentración, del asesinato de numerosos judíos, que murieron en el incendio de una iglesia donde se les mantenía retenidos. Hanna resulta ser una de estas mujeres, para horror de Michael que, aún con el paso del tiempo, no ha logrado olvidarla.
El juicio en sí es realmente escalofriante, por los testimonios de la propia Hanna, que no duda en reconocer su culpabilidad, si bien, desde su punto de vista, está justificada porque “cumplía con su deber”. Ella estaba a cargo de un grupo de prisioneros, y no podía dejarlos escapar…por mucho que se estuvieran friendo en su prisión. Así de claro, así de simple. Lo dice con tal convicción que sus propias compañeras no dudan en lavarse las manos y acusarla a ella como principal responsable e instigadora del acto. La prueba que presentan para ello es un informe en teoría escrito y firmado por la propia Hanna. La consecuencia de todo esto es que el veredicto de las demás acusadas es muy diferente, mucho más ligero, que el que recibe Hanna: encarcelamiento de por vida. Michael, destrozado por el reencuentro con su antiguo amor y por las circunstancias que lo rodean, está tentado de acudir a verla durante el proceso, pero, finalmente, decide seguir adelante con su vida y olvidarla o, al menos intentarlo.

Hanna, sin embargo, no llega a ser libre de nuevo. Se suicida el día antes, en su celda, dejando sus escasas pertenencias y dinero a una mujer, que en el pasado fue una niña asustada y prisionera en uno de los campos de concentración y que, como Michael, leía para Hanna; una niña cuya madre fue la única superviviente del incendio; una niña que, años después, escribió un libro dando testimonio de su estancia en los campos, que trajo consigo la detención de Hanna y sus compañeras. Michael, deseando ver cumplida la última voluntad de Hanna y buscando su redención, cuenta a esa mujer la verdad de lo ocurrido. Y, aunque ella al principio se muestra reacia, finalmente, perdonará a Hanna con un simbólico gesto: donar el escaso dinero de la difunta a una organización literaria judía.
¿Y qué pasa con Michael? Tras toda una vida de soledad y melancolía, se decide a contar, finalmente, a su hija, la historia de su primer y único amor, llevándola al lugar donde, décadas atrás, hizo aquella escapada romántica con Hanna. El mismo lugar donde ella fue enterrada por deseo de la única persona que realmente la quiso, hasta el extremo de perdonar uno a uno todos sus errores.
Creo que la historia en sí ya habla por sí sola. Además, tenemos unas interpretaciones magistrales de Kate Winslet y de Ralph Fiennes. Y un gran descubrimiento: el de David Kross en el papel del joven Michael. Las escenas que comparten él y Kate son enormemente intensas, en todos los sentidos, desde las escenas de cama a las simples lecturas de Michael a Hanna. Y la evolución de su personaje, de quinceañero enamoradizo e inocente a joven engañado, defraudado y dolido, está perfectamente llevada. Al igual que la de Kate Winslet, que al principio de la película se nos muestra como la típica mujer madura que aprovecha para echar una cana al aire con un jovenzuelo que no le importa lo más mínimo, pero que posteriormente se revela como una mujer angustiada y sola, con un secreto que le pesa casi más que el crimen que ha cometido: su analfabetismo.
“El lector”es mucho más que otra película que trata sobre la Guerra Mundial o el conflicto nazi. Habla de crímenes y de redención. De justicia o injusticia, según se mire. De secretos. De literatura. Y, por encima de todo, de amor, y de cómo una persona puede marcar a otra por el resto de su vida.
