domingo, 28 de diciembre de 2008

Crítica de Australia


Australia venía anunciada como la gran película de estas Navidades. Y no faltaban motivos. Nicole Kidman compartiendo protagonismo con Hugh Jackman, alias “el hombre más sexy del mundo” y reivindicando, junto con el director Baz Luhrmann, todas las maravillas del continente australiano en un inmenso drama épico de casi 3 horas de duración. Después de ver la película, sin embargo, yo al menos me quedé con la sensación de que le falta, o quizá le sobra, algo para llegar a ser tan grande como se esperaba de ella. Aún así, Australia es una muy buena película…y Hugh Jackman está para comérselo entre palomita y palomita.

 


Nicole y su vaquero


El primer error para mi gusto es anunciar la cinta como un drama épico. La primera hora más bien se asemeja a una comedia, donde nos presentan a Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman) en su papel de aristócrata inglesa que abandona las comodidades de su hogar para partir rumbo a la desconocida y lejana Australia, en busca de su teóricamente infiel marido. Drover (Hugh Jackman) es el “hombre de confianza de su marido”, un tipo duro que se presenta ante Sarah en medio de una pelea en la taberna del pueblo, en la cual usa el equipaje de la anonadada recién llegada como arma ante sus oponentes, desparramando toda su ropa interior por el suelo como tarjeta de presentación. Las cosas no parecen mejorar para Sarah en el viaje hasta su nueva propiedad, a bordo de un viejo carromato que apenas consigue avanzar por los polvorientos y desiertos caminos, en compañía de Drover, y del borrachuzo contable de la finca. Lo mejor de esta primera parte, la escena de los canguros. Un grupo de saltarines canguros australianos rodean el vehículo, y Sarah se queda contemplándolos maravillada…hasta que uno de los ayudantes de Drover se los carga con su escopeta, convirtiéndolos en una suculenta cena.

 

 
Pobres canguros

El drama, que en ningún momento llega a serlo, comienza más adelante. Cuando Sarah llega a su destino, se encuentra una realidad bien distinta de la esperada. Su esposo ha sido asesinado y ella es ahora la responsable de nada más y nada menos que 1500 cabezas de ganado y una ruinosa finca. En la finca conocerá a Nullah, un chico mestizo, fruto de las relaciones de su madre negra con un tal Fletcher (David Wenham, más conocido como Faramir en la trilogía anillera), socio de su difunto marido que finalmente resulta ser un traidor, que pretende boicotear la venta del ganado de Sarah en beneficio del patrón del lugar, para poder contraer matrimonio con la hija de éste. Al descubrir la sucia jugada, Sarah decide encargarse personalmente de trasladar sus vacas a través de las salvajes tierras australianas, con el objetivo de llegar a tiempo a puerto y venderlas por el valor que realmente tienen. Para ello, contará con la valiosa ayuda de Drover y sus ayudantes, así como con las provisiones de ron del contable Flint. También les acompañará el joven mestizo, que acaba de perder a su madre y al que buscan para llevar a “isla Misión”, el lugar al que van a parar todos los niños mestizos para ser “domesticados”, haciéndoles olvidar su origen para convertirlos en ciudadanos del montón. Nullah y Sarah entablan una estrecha relación después de que el niño quede hondamente impresionado por el talento de Nicole como cuentacuentos y, sobre todo, como cantante. Su versión del cuento del Mago de Oz no tiene desperdicio.

 

 


Faramir el traidor

La parte central de la película transcurre con Nicole y Hugh guiando a sus vacas a través de los preciosos paisajes de Australia, sufriendo los constantes intentos de boicot de Fletcher. El más impactante, provoca una estampida del ganado y una gran escena con cientos de vacas suicidas corriendo hacia un precipicio, siendo detenidas en el último suspiro por el pequeño Nullah y su extraña magia aborigen. Finalmente, las vacas llegan a buen puerto, Sarah logra su objetivo y, para celebrarlo, Hugh se afeita la barba, se pone un esmoquin y nos regala un plano de esos que el sector cinéfilo femenino tardará mucho en olvidar. El cambio de look de Drover tiene también un efecto inmediato en Sarah, y ambos acaban juntos, y es que a ver quién es la guapa que se resiste a Hugh y su esmoquin blanco.

 


Los efectos de Hugh y su esmoquin

La última parte de la película, sin embargo, nos trae un nuevo giro del guión. No todo iba a ser felicidad para la parejita y el niño aborigen en su ahora floreciente finca. El excesivo instinto maternal de Sarah, los agobios de Drover, como todo tipo duro que se precie, las continuas manipulaciones y trampas de Fletcher, la captura de Nullah, y los bombarderos japos que llegan a Australia en plena Guerra Mundial complicarán las cosas. Sin embargo, en el último tramo resurgirá el verdadero héroe de la película. Que no es Hugh Jackman, como la mayoría pensará. Es Rey Jorge, el abuelo aborigen de Nullah, un anciano que tiene la rara costumbre de doblar una pierna en plan cigüeña, que se teletransporta a la velocidad de la luz hasta llegar a ser casi omnipresente, que es inmune a los bombardeos de los japos, que canta casi tan bien como Nicole y que, al final de la película, evitará que el drama que todos nos temíamos se haga realidad, sustituyéndolo por un inesperado y emotivo final feliz. Qué grande el Rey Jorge.



El gran Rey Jorge
 

En resumen, Australia es una excelente película, que no se hace larga pese a sus casi 3 horas, que nos presenta unos paisajes y una fotografía impresionantes (y no me refiero sólo a los paisajes australianos, sino, por supuesto, a los planos de lucimiento personal de Hugh), muy buenas actuaciones (estupendos Nicole, Hugh y el pequeño mestizo, con excepción del amigo Faramir que es un villano un tanto lamentable), romanticismo en su justa medida y una combinación curiosa e inesperada de drama y comedia. Le falla estrepitosamente la banda sonora, quitando la repetitiva canción del arco iris que está bien como homenaje al mundo de Oz, y que nos trae unas cuantas escenas muy emotivas entre Nicole y el joven mestizo,  pero que no aporta nada nuevo. Para mi gusto, a Australia le falta ese punto que separa las buenas películas de las obras maestras. Pero la presencia de Hugh es suficiente aliciente.



La familia feliz

Nota: 8
Lo mejor: Los paisajes australianos, Hugh y su esmoquin y el Rey Jorge
Lo peor: Faramir en su versión de malvado

 


Publicado por entMaria @ 14:06 | Criticas | 0 Comentarios | Enviar

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