jueves, 18 de septiembre de 2008

El niño con el pijama de rayas


Hace unos meses me regalaron un libro curioso, cuyo titulo no hacia presagiar, para nada, su hilo argumental: “El niño con el pijama de rayas”. Es uno de esos libros que te enganchan desde el primer momento y que se lee fácil y rápidamente. Y es un libro profundamente conmovedor. Triste, pero precioso. Por eso, fue una grata sorpresa ver, hace unas semanas, que ese libro se había llevado al cine. Otra película más que llegaba a Escocia con adelanto respecto a las pantallas españolas y que no me podía perder, obviamente. Quería saber si estaba a la altura del libro y si era capaz de reflejar su crueldad y su dureza. Y lo hace de forma impecable.

 

Pero vamos con la historia, que básicamente es la inocente visión de la Segunda Guerra Mundial y, más en concreto, de los campos de concentración alemanes, a través de los ojos de un niño alemán de 8 años, Bruno. El padre de Bruno, un soldado fiel al régimen de Hitler, es destinado, desde el hogar familiar de Berlin, a un campo de concentración donde cientos de judíos viven hacinados. Y, por supuesto, junto con el ira el resto de su familia, a pesar de las objeciones iniciales de Bruno, que se resiste a abandonar su ciudad y a sus amigos de siempre.

 


Bruno y su familia contemplando su nueva casa


Al llegar a su nueva casa, Bruno se siente enormemente solo. No tiene a nadie con quien jugar. Su nuevo tutor le aburre con lecciones interminables sobre la gran historia del pueblo alemán, cuando Bruno en realidad disfruta mucho más leyendo sus libros de aventuras y jugando a los exploradores. Su hermana mayor, Gretel, ha caído bajo el hechizo de la “soberanía alemana” y se dedica a decorar su habitación con posters gigantescos de Hitler.

 

Lo único misterioso en la monótona nueva vida del chico es una extraña “granja” situada a cierta distancia de la casa, que se divisa desde su dormitorio, y donde parece haber multitud de “granjeros”, todos ellos vestidos con un curioso “pijama de rayas”. Bruno, inocentemente, pide permiso a sus padres para acudir allí en busca de nuevos amigos…permiso que, por supuesto, le es denegado bajo la excusa de que aquella gente no es recomendable…es mas, que los que viven allí ni siquiera merecen ser calificados como personas. Esto, por supuesto, despierta aun mas la curiosidad de Bruno, que finalmente se escabulle y, a escondidas, acude a “la granja”. Allí se topa con una alambrada que le impide el paso y, tras ella, con un chico judío de su misma edad, Shmuel, con el que pronto entabla una amistad prohibida que cambiara su vida y la de su familia para siempre.

 


"Si mama, no ire a "la granja""

Tomando como eje central la amistad entre Bruno y Shmuel, la película va reflejando de forma magistral el horror de los campos de concentración. Hay algunos pasajes memorables del libro que la adaptación cinematográfica incluso consigue superar, con imágenes de enorme fuerza y con la banda sonora de James Horner completando la jugada. Entre ellos, cabe destacar el pequeño accidente de Bruno al caer del columpio, y como recibe la inesperada ayuda de Pavel, antiguo medico judío que ahora trabaja para la familia del chico y se dedica, fundamentalmente, a pelar patatas. Cosa que el niño no consigue entender cuando, con la mas absoluta inocencia, le dice al anciano: “No debías ser muy buen medico si ahora te dedicas a pelar patatas.”

 
La escena del “humo negro y maloliente” que sale del campo de concentración, y cuyo origen Bruno no comprende, pero que abre los ojos a su madre acerca de lo que realmente están haciendo allí, tirando por los suelos su incondicional apoyo y admiración hacia su marido, es simplemente sobrecogedora. La “lección magistral” que Bruno recibe de su tutor, sobre la maldad de la raza judía y la necesidad de exterminarla, contrasta con los inocentes diálogos que mantiene con Shmuel, donde ira conociendo, poco a poco, la verdad sobre la vida de su nuevo amigo. Y asi podria seguir enumerando multitud de pasajes.

 

Pero voy a una de las escenas clave: la de la “traición de Bruno” (peligro SPOILER). Un día, Schmuel es llevado a la casa familiar, para limpiar la vajilla. Bruno se alegra enormemente de ver allí a su amigo, y le ofrece algo de comida. Pero son atrapados in fraganti por un joven y despreciable soldado alemán que esta a las órdenes del padre de Bruno. Shmuel intenta liberarse de su castigo aduciendo que “su amigo Bruno le dio la comida”. Y, ante la mirada acusadora del soldado alemán, Bruno reniega de conocer al niño judío, que, por supuesto, se lleva una buena paliza por su ofensa. Posteriormente, Bruno se arrepentirá tanto de su traición que acabara cometiendo una terrible locura para intentar compensar a su amigo. Y hasta aquí puedo contar, por aquellos que no hayan leído el libro, ya que seria imperdonable desvelar el final.

 



Que mas puedo decir? Impecables actuaciones de todos, en especial las de los dos niños. Y, como comentaba al principio, una de las mejores adaptaciones literarias que he visto hasta ahora.  Así que ya sabéis, si os apetece sufrir un poco, durante 90 minutos que en realidad se pasan en un suspiro, no os perdáis esta película que seguro conseguirá conmover a los mas duros y hacer llorar a mas de uno.

 


Nota: 9

Lo mejor: Bruno y Schmuel

Lo peor: los putos soldados alemanes

 


Publicado por Desconocido @ 16:58 | Criticas | 0 Comentarios | Enviar

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