No podía faltar en nuestro blog la crítica de una de las películas más esperadas de la temporada: Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.
El ansiado regreso del Doctor Jones ha sido un tanto controvertido y no ha dejado muy satisfechos a muchos de sus seguidores. Y es cierto que, tras ver la película, uno se queda un poco con la sensación de “me esperaba algo más”. Algo así como ocurría con la “Amenaza fantasma” cuando los fans de Star Wars aguardábamos impacientes la nueva trilogía y nos encontramos con un Episodio I que, aún no estando mal, no cumplía todas las expectativas generadas. Esto mismo se puede aplicar a la nueva aventura de Indiana Jones: una película entretenida, incluso con momentos brillantes, pero que no está a la altura de sus predecesoras.
Motivo principal: el guión. Yo me pregunto, ¿no había que encontrar un gran guión, que enganchara tanto a Lucas, como a Spielberg, como a Harrison Ford? Y, ¿esto es lo mejor que consiguieron?

Calavera llamando a Mulder y Scully
Para quien aún no haya visto la peli, aquí vienen unos cuantos spoilers, así que mejor no seguir leyendo. La acción se sitúa en plena Guerra Fría, cuando Indy y su infame amigo Mac (uno de los personajes prescindibles de la película) son capturados por unos lamentables agentes soviéticos, comandados por la todavía más lamentable Irina Spalko (Cate Blanchett), para que les ayuden a recuperar un objeto de gran valor oculto en unas dependencias americanas: la calavera de cristal de Akator, un objeto legendario con el que aspiran a lograr un conocimiento ilimitado que les lleve a dominar el mundo. La aparición de Indy, cuando, nada más ser sacado por la fuerza del maletero de un viejo coche, se dirige de inmediato a recoger su famoso sombrero, mientras suena de fondo su archiconocida melodía, es realmente emocionante. El Doctor Jones se nos revela con unos añitos de más, pero muy bien conservado, con su media sonrisa pícara de siempre y su sombrero y su látigo como inseparables compañeros.

Por Indy y su látigo no pasan los años
Indy, por supuesto, huye de los negados rusos sin mayores dificultades. Atención a la impactante escena de la explosión nuclear, con frigorífico volador incluido. Si vais a cambiar de cocina, no dudéis en buscar un frigo similar, que conserva en perfecto estado no sólo alimentos, sino también personas que buscan refugio anti-bomba.
Electrodomésticos aparte, Indy, de regreso a su universidad, se encuentra con una amable invitación a tomarse una temporada sabática, tras su escarceo con los rusos. A punto de dejar el país, alguien se cruza en su camino para ofrecerle una aventura alternativa: el joven Mutt (Shia Labeouf), amigo de un viejo conocido de Indy, el también arqueólogo Harold Oxly, que se haya prisionero a mano de los agentes rusos, por haber descubierto los secretos de la calavera de cristal. Mutt pide ayuda a Indy para rescatar al viejo arqueólogo, y también para encontrar a su madre, que partió en su busca y no ha regresado. Indiana accede y ambos se dirigen a Peru, donde seguirán el rastro de la calavera, desde la tumba perdida del conquistador español Orellana, que la descubrió y la llevó consigo, hasta su lugar de origen, donde debe ser devuelta.

Padre e hijo en acción
En el camino, serán perseguidos constante e infructuosamente por Irina y sus hombres, siendo especialmente divertida la persecución con Indy de paquete en la moto de Mutt, que acaba en la biblioteca de la universidad del Doctor Jones; o la huida final, cuando los rusos son devorados por un enjambre de hormigas asesinas.

Indy de paquete
En el breve espacio de tiempo en que son capturados por las tropas rusas, Indiana se reencuentra con su viejo amigo arqueólogo, que se haya en un extraño estado de locura debido al poder de la calavera. Pero otra sorpresa aguarda al Doctor Jones. La madre de Mutt, que también ha sido apresada, no es otra que Marion, su viejo amor que tuvimos oportunidad de conocer en “En busca del arca perdida”, con unos años y unos kilitos de más. Y Marion esconde una última sorpresa para su ex, que únicamente le revela cuando ambos están a punto de morir succionados por un pantano: Mutt, el joven de la chupa de cuero, que dejó sus estudios para dedicarse a reparar motos, y que tiene la insufrible manía de retocarse el pelo a cada minuto con su inseparable peine…¡es hijo de Indy! Sin embargo, tal descubrimiento no afecta mucho a Indiana. A fin de cuentas, se ha librado de los biberones, los cambios de pañal, de costear la educación del chico, de sufrir su etapa rebelde adolescente…vamos, que se ha encontrado de golpe con un hijo ya crecido y que, peines aparte, no ha salido tan mal. Lo único que no convence del todo a Indy es que Mutt haya dejado los estudios. Pero pronto cambia de idea al ver cómo su hijo, en plena enésima huida de los rusos, da toda una lección de esgrima a Irina, o recupera la calavera de manos rusas saltando, entre los árboles de la selva, de liana a liana, rodeado de monos peruanos, con un estilo que sería la envidia del mismísimo Tarzan.

La familia reunida
Finalmente, Indy y los demás llegan al lugar de origen de la calavera, oculto en las profundidades de un antiguo templo, en una estancia donde otras extrañas figuras de cristal parecen esperar a que la calavera perdida sea devuelta a la figura decapitada que le corresponde. Así lo hace Indy, como buen arqueólogo. Y algo sucede entonces. Las figuras se fusionan y un ser que debe ser familia de ET, o de alguno de los monstruitos que perseguía Mulder en Expediente X, cobra vida. En ese momento, aparece por allí la rusa, gracias al rastro dejado por el patético amigo traidor de Indi, Mac, que primero era de los buenos, luego traidor, luego un espía doble…y finalmente resultó ser un traidor otra vez. Afortunadamente este lamentable personaje muere mientras intenta robar alguna de las muchas riquezas contenidas en el templo. Y otra que muere es Irina, por su excesivo afán de conocimiento. El extraterrestre, o lo que sea el bichejo, le concede a la rusa su deseo: transmitirle todos sus conocimientos. Pero obviamente estos son demasiados para la torpe mente de Irina y la acaban destruyendo.

La mala...malísima
Como en todas las películas anteriores, Indy se queda sin su gran descubrimiento arqueológico, que en este caso parte rumbo al espacio a bordo de una especie de platillo volante. Pero Indiana no se marcha de vacío. Aparte de estrenar hijo, estrena matrimonio pues, tropecientos años después, él y Marion se deciden a casarse…¡más vale tarde que nunca! Aunque seguro que la noche de bodas ha perdido mucho.
En conclusión, “La calavera de cristal” es una película entretenida y a ratos bastante buena, y Harrison Ford está genial de vuelta a su papel de Indiana Jones, que sigue tan divertido, ingenioso e intrépido como siempre…¡y en muy buena forma para su edad! Shia Labeouf encaja perfectamente en el papel de Mutt, siguiendo en su línea de películas anteriores. En cuanto al regreso del viejo amor de Indy, innecesaria boda final incluida, a mí no me convenció mucho, pero todo sea por dejar a la feliz familia unida. Los malos son bastante penosos, siendo especialmente decepcionante la actuación de Kate Blanchett, aunque el papel de Irina no daba para mucho más. Pero todos los fallos de la película se pueden disculpar sólo por volver a ver al Doctor Jones con su látigo y su sombrero. Larga vida a los viejos héroes…
Nota: 7
Lo mejor: El regreso de Indy
Lo peor: el cutre guion y la mala malisima
