
Vamos con la review de la segunda peli de la trilogía pirata, “El cofre del hombre muerto”. En ella, el capitán Sparrow intentará escaquearse de una antigua deuda que tiene pendiente con el nuevo villano de la saga: el tentacular Davy Jones.
La película comienza con el frustrado intento de boda de Will y Elizabeth, que justo cuando iban a contraer matrimonio son apresados por haber ayudado a escapar a Jack. Pero Will consigue hacer un trato con los hombres de la marina real: su libertad a cambio de una de las más preciadas posesiones del capitán Sparrow: su aparentemente inservible brújula. Así, Will parte en busca de Jack, prometiendo a Elizabeth que regresará a liberarla. Pero la señorita Swann no es de las que esperan pacientemente en el interior de una celda y, aprovechando la ayudita de su padre para escapar de la prisión, huye siguiendo los pasos de Will.
Mi noche de bodas con Will va a tener que esperar...
Y, mientras tanto, ¿qué hace el capitán Sparrow? Buscar el cofre del hombre muerto, claro está. ¿Y quién es el hombre muerto? Davy Jones, el capitán de El Holandés Errante, el barco fantasma encargado de transportar a las almas de los muertos al otro mundo. Sin embargo, Jones dejó de lado su misión tras sufrir una terrible traición que le llevó a arrancarse su propio corazón y encerrarlo en el interior de un cofre, convirtiéndose en una especie de monstruo de apariencia tentacular. ¿Y por qué persigue Jack ese cofre? Porque el Holandés Errante se ha convertido en una nave maldita, que recluta almas en pena, a medio camino entre la vida y la muerte, para que formen parte de su tripulación a cambio de manenerlas “con vida”. Y el mismísimo Jack le debe a Jones nada más y nada menos que 100 años de servicio a bordo de su barco. Algo que, obviamente, no es del agrado del capitán Sparrow. Por ello, debe hallar el cofre que contiene el corazón de Jones, pues solo así podrá controlarlo.
El reencuentro de Jack con Davy Jones
En la búsqueda del cofre, Jack y su tripulación llegan a una isla habitada por caníbales, que, si bien toman al capitán por una especie de divinidad, no tienen mejor ofrenda para él que quemarlo vivo y comérselo con el fin de liberarlo de su prisión humana. Allí es donde Will los encontrará. Y, juntos, conseguirán escapar de los caníbales, en una loca huida que si bien no aporta nada especial al argumento principal, no tiene desperdicio.
¡Que vienen los caníbales!
De vuelta en la Perla, Jack convence a Will para que vaya, en su lugar, al Holandés Errante y se haga con la llave que abre el cofre. El joven Turner, por supuesto, cae en la trampa de Jack y acaba hecho prisionero en el barco de Jones. Pero allí le aguarda una sorpresa: su padre, que ahora forma parte de la tripulación maldita. Will finalmente consigue robar la llave a Jones y escapar, no sin antes prometer a su padre que volverá a rescatarlo.
Will robando la llave del tesoro de Jones
¿Y dónde se ha metido Elizabeth? La joven, conociendo a Jack, encamina sus pasos hacia la isla de Tortuga, donde, efectivamente, se encontrará con Sparrow, que por supuesto inventa una rocambolesca historia acerca de cómo el pobre Will fue capturado por Jones sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Y consigue hacer creer a la joven que la única forma de rescatarlo será encontrando el cofre con el corazón de Jones. Lo que Jack no sabe es que uno de los nuevos miembros de su tripulación tiene sus propios intereses en conseguir el cofre: el antiguo comodoro Norrington, que perdió su rango y desde entonces se dedicó a emborracharse tanto o más que el propio señor Gifts.
En busca del cofre perdido
En la nueva travesía de la Perla, descubrimos finalmente la utilidad secreta de la brújula de Jack: muestra el camino hacia lo que uno más desea. Así es como consiguen encontrar el cofre. Y, muy oportunamente, Will aparece con la llave. Sin embargo, trae compañía. El joven Turner ha llegado oculto a bordo del mismísimo Holandés Errante, después de que su capitán, temeroso de que su preciado tesoro estuviera en peligro, decidiera hacerle personalmente una visita. Pero Jack no sólo deberá hacer frente a la tentacular tripulación de Davy Jones. Will y Norrington quieren el cofre para ellos. El primero, para liberar a su padre. Y, el segundo, para recuperar su antiguo rango en la marina. Los tres se enzarzan en una gran lucha de espadas ante la indignación de Elizabeth. Lucha que mantendrán incluso encaramados en una gigantesca rueda giratoria, en una de las escenas más espectaculares de la película. Y lucha que, obviamente, terminará con la llegada de los verdaderos malvados, Jones y sus piratas.
¡Qué mareo!
Finalmente, Jack y los demás consiguen, o eso creen ellos, hacerse con el cofre y volver a la Perla. Pero ni siquiera allí están a salvo. Porque el más fiel aliado de Davy Jones hace su aparición: el kraken, un pulpo gigante que puede enviar cualquier nave al fondo del mar. Al ver al monstruo y dar la nave por perdida, Jack escapa en un pequeño bote. Sin embargo, su brújula sigue apuntando a la Perla. El capitán decide volver y enfrentarse a la bestia. Y aquí tiene lugar la escena más impactante de la película. Cuando todo está perdido y la tripulación está a punto de abandonar el barco, Elizabeth, en apariencia cautivada por el gesto valeroso de Jack, besa al capitán. Este le responde con tanto ardor que ni siquiera se da cuenta de que, mientras tanto, la joven lo acaba de esposar a la nave, dejándolo a merced del kraken, pues en realidad él es el único al que persigue Jones y Elizabeth no ve otra alternativa para que ella y los demás puedan salvarse. Desde el bote salvavidas, Will presencia la escena, o al menos parte de ella; el joven no se percata de la traición de su chica, y piensa que está en verdad enamorada de Jack.
El beso de la muerte
Ya de vuelta en el bote, Elizabeth cuenta a los demás que Jack escogió, voluntariamente, quedarse, para darles a ellos la oportunidad de huir. Y así es como Jack, y la Perla, son abatidos por el kraken y desaparecen en el fondo del mar…
"Hola bichejo"
Pero, por supuesto, el capitán Sparrow no puede morir. Y si muere, como es el caso, hay que encontrar el modo de traerlo de vuelta. ¿Y quién puede hacer esto? Tía Dalma, una extraña hechicera, vieja amiga de Jack, que ya cuenta con cierta experiencia en traer a gente del reino de los muertos, y que ofrece a Will, Elizabeth y los demás tripulantes de la Perla la más inesperada ayuda en su desesperado intento por recuperar a Jack: el capitán Barbosa.
Bienvenido al mundo de los vivos, capitán Barbosa
Y así, con la fantasmagórica aparición del más brillante villano de la trilogía pirata, y con la intriga de saber cómo traerán de vuelta a Jack desde el reino de Davy Jones, acaba esta segunda peli de la saga de Piratas del Caribe. Una película que quizá no tenga la frescura de la primera, pero que mantiene su nivel de locura, emoción y diversión. Johnny y Keyra están geniales como siempre, destacando cómo Keyra se mete de lleno en la lucha con espadas, pequeño anticipo de lo que nos espera en el capítulo final de la trilogía. Orlando sigue tan guapo como siempre. Y aunque Davy Jones no llena totalmente el vacío de Barbosa, el Holandés Errante y el kraken son dos magníficas incorporaciones al reparto pirata.
Nota: 9
Lo peor: el horrible doblaje de Davy Jones…un malo no puede hablar de esa forma, ¡se le pierde todo el respeto!
Lo mejor: el beso de la muerte de Jack y Elizabeth y el kraken