Nicolas Cage dio recientemente en Londres una muestra de lo presumido que es, al prohibir que los periodistas miraran a sus más que incipientes entradas durante una entrevista para promocionar su filme Bangkok dangerous. Antes de entrar en la sala donde debía hacerse la rueda de prensa, los asistentes del actor advirtieron por escrito a los periodistas de que cualquier mirada subrepticia por encima de la frente de Cage significaría la inmediata suspensión de su pregunta.
El aviso fue recibido primero con incredulidad y luego desató una irónica indignación porque la exigencia recordaba a los emperadores orientales que prohibían a sus súbditos mirarles a la cara. Se sabe que el actor tiene una obsesión con su cabello y que viaja con un estilista que rocía sobre su coronilla un líquido que hace que no se note su calvicie. Personalmente creo que debería despedir a su estilista porque parece que ese líquido no surge efecto.